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martes, 29 de marzo de 2011

José Antonio Maradona: "Las tres plagas hoy del subdesarrollo son el sida, la tuberculosis y el paludismo"

 

El médico e investigador recorre en su última obra la larga guerra de la humanidad contra las infecciones

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DANIEL ARJONA | Publicado el 21/03/2011

Son el enemigo más antiguo y pertinaz de nuestra especie pero, si nunca nos rendimos a su mortal abrazo fue, entre otros, gracias a hombres como José Antonio Maradona Hidalgo (Riello, León, 1937). Jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario de Asturias y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, Maradona Hidalgo ha recogido toda la experiencia de tres décadas de lucha contra los agentes patógenos en Historia de las enfermedades infecciosas (Universidad de Oviedo). En sus páginas recorre la historia de las infecciones y grandes epidemias y, a la vez, la del empeño humano por vencerlas. Tales operaciones bélicas parecen hoy día, según explica, situarnos en una posición de clara supremacía respecto al enemigo aunque Maradona Hidalgo se muestre escéptico ante la posibilidad de una victoria definitiva.

Pregunta.- A día de hoy, ¿cuál sería "el parte de guerra"?
Respuesta.- Muy favorable. Lo viene siendo de manera creciente desde hace 150 años, periodo en el que se han realizado los descubrimientos fundamentales. Han sido triunfos logrados paralelamente al desarrollo de determinadas ciencias básicas: física, química, biología, microbiología, inmunología... La medicina de las enfermedades infecciosas se apoya firmemente en estas disciplinas. En este siglo y medio se han descubierto las bacterias, los virus, los mecanismos de su actuación y los de defensa del hombre. Y si nos ceñimos exclusivamente a la consecución de unos tratamientos eficaces, entonces el tiempo se limita a los últimos 70 años en que el hallazgo de fármacos curativos de las infecciones ha sido casi vertiginoso, de manera que hoy una gran parte de las enfermedades infecciosas cuenta con medicamentos específicos de gran eficacia.

P.- ¿Qué ideas preconcebidas tendrá que replantearse el lector de su libro?
R.- El libro pone al descubierto las peripecias de las enfermedades infecciosas desde la más remota antigüedad hasta nuestros días y muestra el lento caminar en su conocimiento en los primeros dieciocho siglos de nuestra era, cuando resultaba difícil imaginar que fueran causadas por seres invisibles, y el gran contraste con los deslumbrantes avances iniciados en el siglo XIX. Probablemente estos hechos en general no serán ajenos al lector, pero sí podrá tomar conciencia de los terribles sufrimientos por los que la humanidad pasado, de sus repercusiones demográficas y sociales que a veces cambiaron la historia, y verá, por otro lado, la gran brillantez y genialidad de muchos grandes médicos, y descubrirá el sacrifico que acompañaba a sus actos tanto en beneficio del progreso científico, como en el de la humanidad.

P.- ¿Cuál ha sido la plaga más mortífera de la Historia?
R.- No hay una sola. Varían según la época, las condiciones sociales, económicas, climáticas, etc. A muchas de las existentes en la Edad Antigua no es posible identificarlas del todo con las descripciones que nos han llegado. En la Edad Media fue sin duda la peste, que cambió la faz de Europa; simultáneamente la viruela y el tifus causaban grandes estragos. Al final de la Edad Moderna la tuberculosis pulmonar se constituyó en una plaga temible que se prolongó en el siglo XIX. A comienzos del siglo XX la gripe de 1918 causó una mortandad extraordinaria, y en sus finales el sida se convirtió en una pandemia de una gravedad inimaginable. Actualmente las peores plagas se concentran en los países de bajo nivel económico y sanitario. Sobre todo tres: el sida, la tuberculosis y el paludismo. Su curación, o en el caso del sida su transformación en una enfermedad crónica que permite una vida normal, como ocurre en los países ricos, depende de la aportación de los medios necesarios.

P.- ¿Nos engañaron las farmacéuticas con la Gripe A? ¿Los Gobiernos? ¿Los medios? ¿Qué ocurrió?
R.- No lo creo; el riesgo de una pandemia grave era probable. Quiero recordar como fueron los comienzos de la gravísima pandemia de gripe de 1918. En España el ABC del 22 de mayo de 1918 daba la primera información de esa epidemia de gripe A junto con otras noticias en una columna que titulaba Madrid al día, en un tono distendido que no hacía en absoluto presagiar su posterior gravedad. Sin embargo, la pandemia la gripe mataría en España a 260.000 personas, y entre 50 y 100 millones en todo el mundo. Con éste y con otros antecedentes parecidos es sensato que, ante una variedad de virus gripal que coge a la población sin inmunidad, haya que ponerse en lo peor. Otro ejemplo me viene con el recuerdo de que en los últimos años hemos temido que brotes de gripe aviar o de síndrome respiratorio agudo grave aparecidos en Asia se generalizaran y convirtieran en pandemia. Hubiera sido catastrófico.

P.- ¿Qué le respondería a los que dicen que las farmacéuticas no se preocupan de desarrollar medicamentos para enfermedades "de pobres"?
R.- No tengo información fehaciente sobre esta materia. Es indudable que fabricar medicamentos que consumen principalmente los países pobres o que son específicos contra enfermedades que se padecen mayoritariamente en esos países origina pocos beneficios. Y es también cierto que la industria farmacéutica tiene que producir beneficios, y es asimismo deseable que las farmacéuticas mantengan un equilibrio entre su interés comercial y sus deberes éticos. Pero igualmente es imprescindible que se investigue sobre esas enfermedades, a menudo tropicales, que se padecen en esos países y que se les provea de fármacos y vacunas. Así pues, todos estos puntos deben tenerse en cuenta. Y por ello creo que en estas circunstancias deben intervenir los gobiernos para incentivar y garantizar la investigación y producción de estos fármacos.

P.- ¿Nos permite el progreso científico imaginar un futuro libre de infecciones?
R.- En los 60, se dice que una máxima autoridad sanitaria de los EE. UU. anunció que había llegado el tiempo de cerrar el libro de las enfermedades infecciosas porque la batalla se había ganado. Pues bien, en los años siguientes aparecieron unas cuantas enfermedades nuevas que causaron y causan gravísimos o bien otras ya conocidas se transformaron en infecciones mucho más virulentas. Los seres vivos tienen la facultad de adaptarse a las circunstancias adversas y por ello son capaces de mutar y originar nuevas infecciones, de modo que verse libre de ellas me parece muy difícil. En cambio, sí se ha demostrado posible combatirlas y vencerlas cada vez con mayor rapidez y eficacia. La ciencia médica actual dispone de métodos de investigación de gran valor para descubrir los agentes infecciosos y su tratamiento. Bien se demuestra que estos avances son reales comparando lo sucedido con dos infecciones muy conocidas. El bacilo de la tuberculosis se descubrió en 1882 y pasaron 61 años hasta que en 1943 se descubrió el primer antibiótico eficaz contra él: la estreptomicina. Compárese con el sida; se detectaron los primeros casos en 1981; el virus fue descubierto en 1983, y se aprobó el primer fármaco para su uso en 1987.

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