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jueves, 21 de abril de 2011

Pasión, sexo y magia en el Caribe

Pasión, sexo y magia en el Caribe

Ana Cabrera descubre la historia de Villa Veneno un pueblo marcado por el deseo

En Villa Veneno todo es extraordinario, amores irrefrenables, grandes tragedias, mentiras dolorosas y destinos inexpugnables. La cubana Ana Cabrera (1950) recupera la voluptuosidad del Caribe en su nueva novela Las cien voces del diablo (Grijalbo), una historia en la que el amor no está exento de espinas, la mentira florece y la tentación y la culpa amenazan con cobrar su precio.
La autora se dejó la piel con su anterior y durísima novela Las horas del alma (2009), "me dejó sin aire", su primera incursión en la novela y en la que reivindicaba aquella Habana que conoció, "con sus luces y sus sombras", y de la que huyó hace una década para instalarse en España. "Ahora quería dar rienda suelta a mi imaginación", explica "y con el zumo que me quedó [de Las horas del alma], me lancé a escribir esta nueva historia", que desborda "imaginación y fantasía", y en la que "fueron los propios personajes los que me llevaban", asegura la autora que se reconoce deudora de Juan Rulfo y Alejo Carpentier.
De esta forma, Cabrera cuenta la historia (teñida de humor) de una pequeña comunidad caribeña, que acabó llamándose Villa Veneno por los efectos de la magia y de un extraño parto, en la que la maledicencia está siempre presente, al igual que la pasión, la envidia y el odio. "Pueblo pequeño, infierno grande", recuerda Cabrera.
Una comunidad sumamente hipócrita pero ingenua que gira entorno del qué dirán y en la que un buen día aparece un tipo especial capaz de quebrantar todas las voluntades, "un hombre sin final, uno de aquellos que te matan de gusto en la cama, se van sin decir adiós y la dejan a una muerta pero agradecida de por vida", escribe la autora para quien Las cien voces del diablo "habla de las pasiones humanas, del lado oscuro y del blanco de cada uno".

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