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sábado, 5 de marzo de 2011

Canalización de la energía sexual

 

Como una variante del concepto de represión, Freud introdujo el término "sublimación", entendiendo por ello la operación mental mediante la cual se canalizan los impulsos libidinosos inconvenientes. Los canales de la sublimación serían cualquier actividad -artística, deportiva, laboral- que permitieran el empleo de esa energía sexual, excesiva según los cánones de nuestra sociedad. Freud hace una diferencia fundamental entre represión y sublimación al considerar que esta última puede ser saludable, ya que resulta indispensable para el mantenimiento de una comunidad civilizada.
Esta posición ha sido atacada por Norman O.Brown, autor de Vida contra muerte, quien en cambio propicia un regreso a esa "perversión polimorfa" de los bebés descubierta por Freud, lo cual no implica una eliminación total de la represión. Una de las razones que aducía Freud en su defensa de una represión parcial, era la necesidad de sujetar los impulsos destructivos del hombre, pero tanto Brown como Marcuse refutan este argumento al sostener que los impulsos agresivos no existen como tales si los impulsos de la libido -preexistentes- hallan su modo de realización, es decir, su satisfacción.
La crítica que ha recibido Brown a su vez, parte de la suposición de que una humanidad sin diques de contención, es decir de represión, no podría organizar ninguna forma de actividad permanente. Es entonces que Marcuse interviene con su concepto de "surplus repression", designando estos términos aquella parte de la represión sexual creada para mantener el poderío de la clase dominante, pese a no resultar imprescindible para mantener una sociedad organizada que atienda a las necesidades humanas de todos sus componentes. Por lo tanto, el avance principal que supondría Marcuse con respecto a Freud, consistiría en que éste toleraba cierto tipo de represión por el hecho de preservar la sociedad contemporánea, mientras que Marcuse considera fundamental el cambio de la sociedad, sobre la base de una evolución que tenga en cuenta los impulsos sexuales originales.
Ésa sería la base de la acusación que representantes de las nuevas tendencias psiquiátricas formulan a los psicoanalistas ortodoxos freudianos, acusación según la cual estos últimos habrían buscado -con una impunidad que se agrietó notablemente a fines de los años sesenta-, que sus pacientes asumiesen todo conflicto personal para facilitarles la adaptación a la sociedad represiva en que vivían, no para que advirtieran la necesidad de cambiar dicha sociedad.
En El hombre unidimensional, Marcuse afirma que originalmente el instinto sexual no tenía limitaciones temporales y espaciales de sujeto y objeto, puesto que la sexualidad es por naturaleza "perversa polimorfa". Yendo aún más allá, Marcuse da como ejemplo de "surplus repression" no solamente nuestra total concentración en la copulación genital sino también fenómenos como la represión del olfato y el gusto en la vida sexual.
Por su parte, Dennis Altman, comentando favorablemente en su libro ya citado estas afirmaciones de Marcuse, agrega que la liberación no debería solamente eliminar la contención sexual, sino también proporcionar la posibilidad práctica de realizar esos deseos. Además sostiene que sólo recientemente hemos advertido que mucho de lo que se consideraba normal e instintivo, especialmente en la estructuración familiar y en las relaciones sexuales, es en cambio aprendido, por lo cual sería necesario desaprender mucho de lo que hasta ahora se ha considerado natural, incluso actitudes competitivas y agresivas fuera del campo de la sexualidad. Y dentro de la misma línea, la teórica de la liberación femenina Kate Millet dice en su libro Política sexual que el propósito de la revolución sexual debería ser una libertad sin hipocresías, no corrompida por las explotadoras bases económicas de las alianzas sexuales matrimoniales, es decir, el matrimonio.
Además, Marcuse propicia no sólo un libre fluir de la libido, sino también la transformación de la misma: o sea el paso, de una sexualidad circunscripta a la supremacía genital, a una erotización de la entera personalidad. Se refiere entonces a una expansión más que a una explosión de la libido, una expansión que llegue a cubrir otras áreas de las actividades humanas, privadas y sociales, por ejemplo las laborales. Agrega que la entera fuerza de la moralidad civil fue movilizada contra el uso del cuerpo como mero objeto, medio e instrumento de placer, ya que esa cosificación fue considerada tabú y relegada a despreciable privilegio de prostitutas, degenerados y pervertidos.
Al margen de esa posición, J.C.Unwin, autor de Sexo y cultura, después de estudiar las regulaciones maritales de 80 sociedades no civilizadas, parece apoyar la suposición muy generalizada de que la libertad sexual conduce a la decadencia social, ya que, según el psicoanalista ortodoxo, si el individuo no sucumbe a la neurosis, la continencia sexual impuesta puede ayudar a canalizar las energías por vías socialmente útiles. Unwin concluyó de su exhaustivo estudio que el establecimiento de las primeras bases de una sociedad organizada, su posterior desarrollo y su apropiación de terrenos vecinos, o sea las características históricas de toda sociedad pujante, se dan solamente a partir del momento en que se implanta la represión sexual.
Mientras que las sociedades donde se permiten relaciones sexuales libres -prenupciales, extraconyugales y homosexuales- permanecen en un subdesarrollo casi animal. Pero al mismo tiempo, Unwin dice que las sociedades estrictamente monógamas y fuertemente represivas, no logran sobrevivir mucho tiempo, y si lo logran en parte, es mediante el sometimiento moral y material de la mujer. Por lo tanto, Unwin expresa que entre la angustia suicida que provoca minimizar las necesidades sexuales y el extremo opuesto del desorden social por incontinencia sexual, debería hallarse una vía razonable que constituyera la solución del grave problema. O sea la eliminación de la "surplus repression" de que habla Marcuse


Referencia: Origen de la homosexualidad
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