En una encuesta citada por el sociólogo J.L.Simmons en su libro Desviaciones, se establece que los homosexuales son objeto de un rechazo considerablemente mayor por parte de la gente que los alcohólicos, jugadores compulsivos, ex presidiarios y ex enfermos mentales
En Hombre, moral y sociedad, J.C.Flugel dice al respecto que quienes en la infancia se han identificado a fondo con figuras paternas o maternas de conducta muy severa, al crecer abrazarán causas conservadoras y les fascinará un régimen autoritario.
Cuanto más autoritario el líder más confianza les despertará, y se sentirán patrióticos y muy leales al luchar por el mantenimiento de las tradiciones y las distinciones de clase, así como de los sistemas educacionales de rígida disciplina y de las instituciones religiosas, mientras que condenarán sin piedad a los anormales sexuales. En cambio, aquellos que en la infancia de algún modo rechazaron - a nivel inconsciente, emotivo o racional- dichas reglas de conducta de los padres, favorecerán las causas radicales, repudiarán las distinciones de clase y comprenderán a quienes tienen inclinaciones poco convencionales, por ejemplo, los homosexuales.
Por su parte, Freud en Carta a una madre norteamericana, dice que la homosexualidad si bien no es una ventana tampoco debe considerarse motivo de vergüenza, ya que no es un vicio ni una degradación, ni siquiera una enfermedad; tan solo resulta una variante de las funciones sexuales producida por un determinado detenimiento del desarrollo sexual. En efecto, Freud juzga que la superación de la etapa de "perversión polimorfa" del niño- en la que están involucrados impulsos bisexuales-, debido a presiones socioculturales, es un signo de madurez.
En esto disienten algunas escuelas actuales del psicoanálisis, las cuales entrevén en la represión de la "perversión polimorfa" una de las razones principales de la deformación del carácter, sobre todo la hipertrofia de la agresividad. En cuanto a la homosexualidad misma, Marcuse señala que la función social delhomosexual es análoga a la del filósofo crítico, ya que su sola presencia resulta un señalador constante de la parte reprimida de la sociedad.
Sobre la represión de la perversidad polimorfa en Occidente, Dennis Altman, en su libro ya citado, dice que los dos componentes principales de dicha represión son por un lado la eliminación de lo erótico de todas las actividades humanas que no sean definidamente sexuales, y por otro lado la negación de la inherente bisexualidad del ser humano: la sociedad asume sin detenerse en reflexión alguna, que la heterosexualidad es la sexualidad normal.
Altman observa que la represión de la bisexualidad se lleva a cabo mediante la implantación forzada de conceptos histórico-culturales prestigiosos de "masculinidad" y "feminidad", los cuales logran sofocar los impulsos de nuestro inconsciente y aparecer en la conciencia como única forma de conducta, al mismo tiempo que logran mantener a lo largo de siglos la supremacía masculina. En otras palabras, roles sexuales claramente delineados que se van aprendiendo desde niños. Además, sigue Altman, ser macho o hembra queda establecido, ante todo, a través del otro: los hombres sienten que su masculinidad depende de su capacidad de conquistar mujeres, y las mujeres sienten que su realización puede solamente obtenerse ligándose a un hombre.
Por otra parte, Altman y la escuela marcusiana concedan el estereotipo del hombre fuerte que se les presenta a los varones como modelo más deseable a emular, ya que dicho estereotipo propone tácitamente la afirmación de la masculinidad mediante la violencia, lo cual explica la vigencia constante del síndrome agres ivo en el mundo.
Por último, Altman señala la falta de forma alguna de identidad para el bisexual en la sociedad actual, y las presiones que sufre de ambos lados, puesto que la bisexualidad amenaza tanto alas formas aburguesadas de vida homosexual exclusiva como a los heterosexuales, y esta característica explicaría el por qué la bisexualidad asumida es tan poco común.
Y en cuanto al conveniente, pero solo ideal- hasta hace pocos años-, paralelismo entre las luchas de liberación de clases y las de liberación sexual, Altman recuerda que a pesar de los desvelos de Lenin a favor de la libertad sexual en la URSS, por ejemplo el rechazo de legislación anti-homosexual, estas leyes fueron reintroducidas en 1934 por Stalin, y el prejuicio contra la homosexualidad como una "degeneración burguesa" se afianzó así en casi todos los partidos comunistas del mundo.
En otros términos comenta Theodore Roszak, en su obra El nacimiento de una contracultura, el movimiento de liberación sexual. Allí expresa que la mujer más necesitada, y desesperadamente, de liberación, es la "mujer" que cada hombre lleva encerrada en los calabozos de su propia psiquis. Roszak señala que sería ésa y no otra la siguiente forma de represión que es preciso eliminar, y lo mismo en lo que respecta al hombre maniatado que hay dentro de toda mujer. Y Roszak no duda de que todo ello significaría la más cataclismática reinterpretación de la vida sexual en la historia de la humanidad, ya que replantearía todo lo concerniente a los roles sexuales y al concepto de normalidad sexual vigente en la actualidad.
Referencia: Origen de la homosexualidad
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